TRATAMIENTOS DE MEJORA PARA ELEMENTOS MECÁNICOS. 

En muchos casos no es posible sustituir el material original por otro específicamente diseñado para competición, bien por cuestiones económicas o por el reglamento de la categoría donde se compite. 

En estas condiciones y siempre que la preparación del motor no conlleve un aumento muy notable de los esfuerzos mecánicos internos, es posible mejorar sensiblemente la resistencia de las piezas originales. 


Entre la gran cantidad de tratamientos que existen, se obtienen resultados especialmente notables mediante: 

1.- FORJADO SUPERFICIAL. 

Consiste en bombardear a alta velocidad con pequeños elementos esféricos la superficie de la pieza. Cada elemento que golpea el material actúa como un pequeño martillo de forja provocando en la superficie diminutos hoyuelos. Para que este hoyuelo se produzca, es necesario, lógicamente, que la energía del impacto lleve a la superficie a una tensión local superior a la de fluencia propia del material, es decir, en cristiano la que provoca deformación permanente al superar el límite de elasticidad. 

Bajo esta superficie, las fibras de material intentan recuperar la forma original y por tanto producen, justo bajo el hoyuelo, una semiesfera de material trabajado en frío con un alto nivel de tensión en compresión. Concentrando un gran número de impactos (hoyuelos en la superficie), se consigue un superficie muy homogénea de material (algo que la fundición no puede lograr) con cierta tensión residual de compresión. Esta tensión residual es, como mínimo, de la mitad de la tensión de fluencia del material bombardeado. Para hacernos una idea, en un acero normal, de 2,5.108 N/m2  o ¡¡25 kg por milímetro cuadrado!!.

 

El conocimiento de las roturas y su análisis permite asegurar que las fracturas no se inician ni se propagan en zonas tensionadas a compresión  y, como quiera que el origen de las fracturas se produce, en su mayoría, a partir de la superficie de la pieza, este proceso es muy eficaz para aumentar la fiabilidad y vida de la pieza. También en algunos casos se produce cierto endurecimiento de la superficie debido al efecto del tratamiento en frío.

 

Los beneficios mecánicamente más destacables de este tratamiento son el aumento de la resistencia de fatiga y fatiga de corrosión, así como un aumento de la resistencia a la erosión, incluso por cavitación, eliminación de porosidad superficial (determinante para el inicio de la falla). 

 

 

2.- CRIOGENIZACIÓN.

 

Bien, antes de nada aclarar que este tratamiento nada tiene que ver con  “congelarse” para poder ver cómo es el mundo dentro de 500 años, aunque el nombre así lo indique y haya sido lo primero que se ha venido a la cabeza a los lectores no técnicos.

 

Este tipo de tratamiento es muy reciente y su uso en la industria muy restringido, pienso que en la mayoría de los casos debido a la relación tratamiento térmico – alta temperatura tradicional. Sin embargo, ha demostrado ya grandes ventajas y que tiene todavía un potencial muy alto para el futuro.

 

Para explicar este proceso de enfriamiento del material, es necesario ahondar en la microestructura del acero. Sin entrar en tecnicismos áridos para la mayoría, voy desempolvar mis recuerdos de las clases de Ciencia de Materiales y sintetizar brevemente cómo se forma el acero. 

 

Todos sabemos que el acero es una combinación de hierro y carbono. Esta “mezcla” se produce a muy alta temperatura (más de 1000 grados) y en varias fases. Para simplificar y centrarnos en lo que nos interesa, nos saltaremos los procesos intermedios e iremos directamente al momento en que la mezcla de hierro y carbono está ya a temperatura de endurecimiento. En este momento, la solución de ambas partes se llama austenita que es, en definitiva de lo que está formado el acero endurecido cuando se enfría rápidamente hasta la temperatura ambiente. Si dejásemos el acero enfriar de esta forma, tendríamos un material de escasa utilidad ya que la austenita es muy frágil, propensa a rotura, dura y además inestable.

 

Lo que se hace realmente es permitir un enfriamiento gradual, manteniendo el acero a temperaturas suficientemente altas para que se produzca la transformación del grano de austenita en martensita, cuya estructura ya es muy estable y resistente. Justo después de iniciar la transformación se deja enfriar para completar el proceso. Sin embargo en la mayoría de los aceros aleados y de alta calidad, no se llega al 100% de la transformación y queda austenita retenida en el material. Para eliminarla es necesario bajar la temperatura.

 

Esto es lo que hace el tratamiento de criogenización, bajar la temperatura hasta -185ºC, aunque en muchos caso no es necesario pasar de –100ºC. En estas condiciones, la austenita es muy inestable y TODA la estructura se vuelve martensita lo cual mejora considerablemente las características del material.

 

Además, se ha podido comprobar que este proceso provoca una distribución más homogénea  del carbono, con menos vacíos debido a... bueno eso ya lo dejamos para los realmente interesados en el tema.

 

El caso es que con este proceso mejoramos de forma muy notable la resistencia a la fatiga del material, actuando sobre su microestructura y logrando en algunos casos a un incremento de hasta un 400% de los ciclos de mantenimiento.

 

A pesar de que el protagonista de esta historia ha sido el acero, se someten a este tratamiento aluminios y otros materiales, como curiosidad decir que incluso se aplica a las pelotas de golf ¡para que vuelen más lejos!. 

 

 

CONCLUSIÓN. 

Visto lo anterior, queda claro el enorme potencial de los tratamientos post-fabricación que se les pueden dar a las piezas. 

Es muy común aplicar estos procesos a bielas, cigüeñales, árboles de levas y engranajes de cambio, aunque también se han verificado ventajas en pistones, válvulas e incluso tornillería.

 

Como dije al principio, constituye una solución para muchos que, sin sustituir las piezas originales, pueden mejorarlas notablemente a un coste mucho más contenido y  desconocían la posibilidad.

 

Consúltenos sin compromiso.

 

Ramón Rey. Ingeniero de D+D.

 

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